Remoción del Presidente Bco. Nación  
 

Mas allá de los matices ideológicos, (una nebulosa zona de grises) en América Latina, el personalismo como forma de gestión en el siglo XXI ya es una tradición y la apatía de la sociedad es su causa. Es el vacío que genera la artrosis de la movilización social el campo orégano en el cual medra lo caudillesco en desmedro de la calidad institucional.  Argentina es, una vez mas, un ejemplo paradigmático de este decurso. Desde los orígenes de nuestros antecedentes institucionales, ya sea en la época colonial como en la de la independencia y posterior organización nacional, el órgano ejecutivo ha poseído una acentuada envergadura con cierto predominio sobre el rol gubernamental de los órganos legislativo y judicial. Esta tendencia histórica, llevó a Alberdi a definirlo como un "Ejecutivo fuerte", afirmando la necesidad de un "presidente constitucional" que pueda asumir las facultades de un rey, en el instante que la anarquía le desobedece como "presidente republicano"......."En vez de dar el despotismo a un hombre, es mejor darlo a la ley. Ya es una mejora el que la severidad sea ejercida por la Constitución y no por la voluntad de un hombre"...."Dadle al P.E. todo el poder que sea necesario, pero dádselo a través de la Constitución". A la vez, este fortalecimiento originario, se vio acrecentado por un largo proceso de concentración de poderes, en el que fueron perdiendo entidad, por una parte, el Congreso de la Nación, en la relación horizontal y funcional de las competencias del Gobierno Federal, y por otra parte, las Provincias, en la relación vertical y territorial de los poderes de los Gobiernos Provinciales con el Gobierno Federal. De allí que en nuestro diseño constitucional del Poder, el Presidente se constituya en el detentador más sobresaliente del poder político, produciendo un notable deterioro en el principio del equilibrio de los poderes del Estado, generándose el actual cesarismo unitario, cuyo ejemplo en carne viva es la reciente remoción del Presidente del Banco Central mediante D.N.U; sin la salvaguarda del debido proceso, para agotar la vía a ese fin.  En el ejercicio del cesarismo, no hay inocencia del marco jurídico que lo alimenta desde los orígenes fundacionales de nuestra malograda Republica, por ende, a las facultades amplificadas del Poder Ejecutivo, les resulta hostil la sujeción a la norma que pretenda limitarlo, siendo los contornos tan nebulosos, tan opinables, y resultando de excepcionalidad cualquier limitación.
Dr. Gustavo D. Arias