IMPACTO AMBIENTAL EN AGUAS SUBTERRÁNEAS POR ACTIVIDADES DE EXPLOTACIÓN PETROLÍFERA

 

Autores: Mario Hernández *
                 Nilda González     **

 
     
 

Introducción

Todas las actividades o emprendimientos humamos traen como correlato inevitable algún grado de alteración del medio ambiente del cual la especie forma parte.
Desde las primitivas culturas agrícolas bajo riego hasta la actual generación tecnológica del chip y la robótica, el desarrollo humano está acompañado de intervenciones en el medio soporte, de mayor o menor complejidad, de mayor o menor peligro.
Con el vigoroso crecimiento poblacional y la consecuente demanda de alimentos, asistencia, servicios, etc, los deterioros que dicha intervención ocasiona son cada vez mas grandes y de muy dificultosa o imposible reversibilidad. No obstante, el requerimiento social de bienes y servicios no puede ser desatendido, ya que no cabe imaginar una sociedad ecológica compuesta por cerca de 5000 millones de seres que puedan vivir sin alterar su entorno.
Es así como nace el concepto de desarrollo sostenible, muy controvertido posiblemente por su implicancia semántica mas que por sus contradicciones formulares, que preconiza la compatibilización entre el desarrollo que provoque mayor bienestar y menos padecimientos y la necesaria preservación del ambiente.
Entre las actividades humanas que, en pos del desarrollo originan o son capaces de originar graves daños a los ecosistemas involucrados, están las de exploración y explotación de hidrocarburos, principal fuente energética utilizada por el ser humano en estos momentos. Dentro de los receptores mas importantes de esos daños o impactos negativos están los recursos hídricos.
Se han establecido en nuestro país en los últimos tiempos, mas concretamente en los dos últimos años , normas que intentan la protección de las aguas superficiales y subterráneas ante los efectos derivados de la industria del petróleo y el gas.
La resolución 105 / 92 de la Secretaría de Energía de la Nación - dictada en su función de autoridad de aplicación conferida por Ley 17319 - pretende ordenar la actividad petrolífera para la preservación de las aguas, entre otros propósitos ambientales. Pero la recientemente promulgada Ley 24051 y su Decreto Reglamentario 831/93 también norman sobre las aguas de purga - provenientes de la separación de los hidrocarburos extraídos y otros fluidos propios de la actividad, considerados como peligrosos -  y su impacto posible, estableciendo su propia autoridad de aplicación (Secretaría de Recursos Naturales y Ambiente Humano), creándose así una franja de incertidumbre legal que no beneficia precisamente el control.
Entre las normas provinciales merecen destacarse las de la Provincia de Río Negro (Ley 2391; Decreto 1894 y Resolución DPA 1302), sin duda las mas completas hoy en día en ese alcance.
Se trata en general de normas que, sin embargo, dejan un espacio muy importante de participación cual es el municipal, habida cuenta de que alberga la mas estrecha relación entre los receptores finales de los problemas (los ciudadanos) y los representantes gubernamentales.
Con el objeto de acotar precisamente el objetivo de esta contribución, nos hemos de limitar al análisis de los efectos de la explotación petrolífera, en cuanto a los impactos del destino de las aguas de purga o de separación sobre los recursos hídricos subterráneos, y las actividades preventivas o paliativas que en la jurisdicción comunal es dable desempeñar .
En el primer título, sin embargo, se hace una muy breve y sintética ubicación del lector en el panorama de los impactos de la explotación petrolífera sobre las aguas subterráneas.

I. La explotación petrolífera y las aguas subterráneas.

Aparte de los numerosos problemas que la exploración petrolífera plantea respecto al medio ambiente (accesos, emplazamiento de las locaciones, apertura de líneas sísmicas y deforestación, manejo de fluidos de perforación, provisión de agua para el sondeo exploratorio y campamento, etc) la mayor concentración de impactos negativos se produce en la etapa de explotación, especialmente aquellos que inciden sobre los recursos hídricos.

Sintéticamente pueden mencionarse entre otros:

  • Accidentes o fugas durante el alumbramiento de petróleo.
  • Derrames o accidentes durante el transporte a baterías (ductos, carretero o ferrovial)
  • Derrames en piletas de contención (desborde o colapsos)
  • Derrames o fugas de baterías, tanques o plantas.
  • Pérdidas en boca de pozo.
  • Competencia cuantitativa entre la demanda para recuperación secundaria de petróleo y otros usos.
  • Afectación cualitativa de la operación de recuperación secundaria o de lavado de petróleo sobre acuíferos portadores de aguas útiles.
  • Manejo inconveniente de las aguas de purga o separación (que surgen con el petróleo y gas y son separadas de esos fluidos). Estas aguas son generalmente salinas y pueden conservar remanentes de hidrocarburos u otros contaminantes como azufre, metales pesados, etc, producto de un mal tratamiento.

La mayor parte de los efectos negativos posibles puede afectar tanto a los recursos superficiales como a los subterráneos presentes en la comarca , ya sean derrames de petróleo, vertidos de aguas salinas o contaminadas, escapes de fluidos de tratamiento. Pero, mientras los efectos en cursos de agua cesan una vez desaparecida la causa o poco después (salvo en lagos o lagunas), los que acaecen en los acuíferos se instalan por largos períodos, a veces extrageneracionales, o son irreversibles. Además pueden ser percibidos mucho tiempo después de haberse desencadenado la acción.
De los mencionados mas arriba son los referidos a operaciones de recuperación secundaria y al manejo inadecuado de las aguas de purga los que pueden conllevar el mayor riesgo a las aguas subterráneas, especialmente estos últimos. A ellos dedicaremos la atención principal en este trabajo.
Las aguas de un yacimiento acompañan al petróleo y al gas hasta la superficie, debiendo ser separados estos fluidos para poder comercializar los hidrocarburos. La separación se realiza por medio de tanques separadores en baterías, piletas de separación y piletas API o plantas de separación. El agua resultante (de purga) es naturalmente de alta salinidad: hasta 150 gramos/litro de sales totales en la cuenca neuquina (el agua de mar tiene 33 gramos/litro promedio) y si la separación no es eficiente suele contener hidrocarburos y otras impurezas (azufre, metales pesados, etc).
Para entender la manera en que se sucede o puede suceder la afectación a partir de estas aguas de purga, es necesaria una rápida revisión de las diferentes maneras de destinarlas, partiendo de la base de que no debe vertérselas a ríos o arroyos (sí al mar, previo tratamiento) aún cuando la concentración final de sales no sea significativa.

1.Confinamiento en superficie

1.1. Infiltración-evaporación: mediante piletas, piletones o recintos sin revestir, donde se acumula el agua separada para que pueda filtrarse y evaporarse, dependiendo la proporción de incidencia de ambos procesos de las características físicas del terreno y del clima. No es la mas conveniente de las técnicas, salvo cuando las aguas subterráneas próximas (acuífero freático) resulten naturalmente salinas. Es mas conveniente cuando la zona no saturada es potente (niveles freáticos profundos) como se muestra en la Figura  1

FIGURA 1

 

1.2. Evaporación: También utilizando piletas o recintos impermeabilizados (arcillas, membranas) para que actúe el fenómeno de evaporación. Tiene la ventaja sobre el anterior de no afectar a las aguas subterráneas, pero plantea el problema de que, al evaporarse solamente el solvente (agua), queda un soluto (sal) que en algún momento hay que disponer; además involucra superficies generalmente muy grandes y no resulta apto para climas fríos o de baja tasa de evaporación. Es de mayor costo por la operación de impermeabilización.

1.3 Disposición de seguridad: en repositorios de seguridad como los utilizados para residuos peligrosos. Para volúmenes reducidos, con concentraciones de contaminantes altas. Son excesivamente costosos.

2. Inyección profunda

2.1. Reciclado: Reinyección del agua de purga a la formación petrolífera, formando parte de programas de recuperación secundaria. Es la solución mas correcta desde el punto de vista ecológico, pero debe estar integrada a una operación de recuperación secundaria a riesgos de producir efectos no deseados en el yacimiento. Ofrece la ventaja de una compatibilidad natural del agua de inyección con la de formación; de costos relativamente elevados por la necesidad de desoxigenación y acondicionamiento del agua a inyectar, es ideal para yacimientos que aún no están en secundaria; en los que sí lo están , los costos se incrementan por la necesidad de adaptaciones infraestructurales. De todas formas requiere un conocimiento muy detallado en ingeniería del reservorio petrolífero.

2.2. Inyección profunda: Inyección a acuíferos profundos que no son la formación petrolífera. Es muy delicada porque generalmente no se posee información, como en el caso de la formación petrolífera, por tratarse de  acuíferos con aguas inaptas para uso humano que no hay que preservar. De requerirse una alta presión de inyección, puede inducir cambios negativos notables en el resto del sistema geohidrológico. En la Figura 3 se muestran dichos efectos en un ejemplo hipotético.

FIGURA 2

FIGURA 3

3. Tratamiento completo de las aguas de purga

No es utilizado en general por el elevado costo del tratamiento, pudiendo recurrirse a alguno de los otros métodos.
Para optar por uno u otro de estos sistemas de disposición, evitando su impacto sobre las aguas subterráneas utilizables, es necesario básicamente el mejor conocimiento posible del sistema geohidrológico y su relación con el régimen superficial y las fases exógenas del ciclo hidrológico. A este respecto cabe a la acción municipal un rol muy importante, como se verá mas adelante.

II. El conocimiento del sistema geohidrológico y la vulnerabilidad de acuíferos

Un sistema geohidrológico está compuesto por un conjunto de estratos o capas geológicas capaces de recibir, alojar y transmitir agua (denominados acuíferos), separados por otras que alojan pero no transmiten agua (acuícludos) o lo hacen con dificultad (acuitardos) generalmente apoyado sobre rocas que no alojan ni transmiten el fluido o acuifugas.
El acuífero mas superficial es el denominado freático o libre, contactado directamente con la atmósfera, sin soportar presión adicional alguna aparte de la barométrica. Recibe directamente la recarga desde la atmósfera (excedentes hídricos de balance) y puede recibir o aportar agua a los ríos, arroyos o cuerpos de agua. Es el mas vulnerable y puede transferir agua también hacia o desde los otros acuíferos mas profundos, que sí están sometidos a presiones adicionales (presión hidrostática).
Éstos son denominados semiconfinados cuando, a través de acuitardos, permiten la transferencia de agua por diferencia de carga hidráulica con el contiguo, o confinados. cuando esta transferencia no se realiza en lapsos razonables por estar limitados por acuícludos.
En la Figura 2 se axhibe un sistema geohidrológico hipotético, donde además se consignan los parámetros y variables que de máxima deberían conocerse para dimensionar correctamente el sistema y poder planear en consecuencia el manejo y la protección de acuíferos utilizables.
Lógicamente, en la mayoría de los casos no es posible acceder al conocimiento de la totalidad de los parámetros y variables involucradas, tanto mas cuanto mas profundos son los acuíferos componentes y cuanto mas despoblada es la región, es decir sin obras de captación que puedan ser utilizadas para recabar información.
Sin embargo, por escasa que sea la información debe procurársela y tratar de entender el funcionamiento del sistema como única manera de advertir las consecuencias que - para un servicio público de provisión de agua a poblaciones, o de riego a un sector productivo agrointensivo que en la mayoría de los casos es periférico a ellas (horticultura, por ejemplo)- puede provenir de la producción petrolera. Es la única posibilidad de establecer la vulnerabilidad de los acuíferos, es decir, su reacción ante una carga contaminante. (Foster & Hirata, 1988)
Desde lo elemental de conocer el sentido y dirección del escurrimiento subterráneo en el acuífero explotado y la relación que guarda con los ríos – si es influyente y le aporta agua o efluente y la recibe – identificando donde se recarga y hacia donde se descarga, hasta la mas compleja tarea de llegar a establecer la relación cuali-cuantitativa de la fuente subterránea de provisión con los demás acuíferos del sistema (cuyo máximo alcance sería el mostrado en la Figura 2) esto resulta ineludible para prevenir efectos no deseados o pronosticar cuando y donde se van a producir. Un ejemplo lo constituyen los alrededores de Comodoro Rivadavia, donde ya se comienzan a advertir afloramientos salinos en laderas y taludes próximos a la Ruta Nacional Nº 3, provenientes del vertido de aguas salinas en la actividad petrolera que durante décadas se practicó incontroladamente en la comarca.
También el conocimiento del sistema geohidrológico va a posibilitar el control o monitoreo de su evolución, facilitando el alerta precoz de situaciones negativas. Se estará en condiciones de saber qué medir y analizar, donde hacerlo y con que frecuencia, bases indispensables para un seguimiento efectivo.
Nuestro país exhibe un conocimiento bastante pobre y limitado de las características de sus recursos hídricos subterráneos, mas aún de mediciones o registros sistemáticos de su dinámica y calidad. Apenas un puñado de planes y programas nacionales y provinciales, la mayoría de los cuales tienen su origen en la Universidad o el sistema científico, con la pobreza de medios que caracteriza a ambos, puede contabilizarse en estos momentos. La falta de continuidad es un suceso frecuente en estos estudios, circunstancia por demás grave en un país donde gran parte de la población depende de los recursos subterráneos para su provisión, la de sus sistemas agrícolas bajo riego y para el abrevamiento del ganado.
Es cierto que las resoluciones 105 y 252 de la Secretaría de Energía intentan ordenar esta falencia desde el punto de vista ambiental, mediante estudios de tal carácter y monitoreo de obras y tareas, así como también las escasas normas provinciales.
Esto constituye un progreso evidente, pero es necesario destacarr que atienden fundamentalmente a los lugares de generación de los perjuicios, no a los de recepción, entre los cuales se encuentran los núcleos urbanos y su periferia agroproductiva. Es por ello que se rescata el rol protagónico de la acción municipal en este aspecto, como a continuación se intenta brevemente establecer.

III. La acción municipal en la prevención y control

Independientemente de las medidas que se tomen a escala nacional o provincial, los Municipios no deben permanecer al margen de estas cuestiones ni reposar en las normativas de tales jurisdicciones.
El concepto moderno de la acción comunal (Tommasi, 1993) se dirige, en cambio, a la participación en todo lo que sea el cuidado y la protección de su medio ambiente y sus recursos naturales, como núcleo social directamente involucrado y afectado por todo efecto negativo sobre sus componentes.
Esta participación no debe ser declamativa sino efectiva, y el lograrlo puede pasar por una decisión oportuna o por presión de los requerimientos comunitarios. Nos referiremos obviamente al primer modo, ya que supone una garantía de madurez gubernamental y sobre todo de permanencia en el tiempo.
Puede creerse, y así se lo ha planteado muchas veces, que emprendimientos de este tipo conforman una tarea descomunal fuera del alcance (o rutina) de los municipios. Esto no es cierto, ya que se dispone de diferentes formas de lograrlo (Tommasi, op cit) con medidas concretas y poco sofisticadas. En el aspecto de la prevención, coparticipando o encabezando programas que tiendan al conocimiento pretendido y fomentando, a través de la educación informal, el entendimiento público de los daños potenciales. En el aspecto del control, reclamando la delegación o la concurrencia en el poder de policía, del recurso para su jurisdicción, inclusive con el mas fabuloso cuerpo de inspectores disponible: la población educada.

Para el primer caso, los Municipios pueden:

  • Realizar convenios con la Nación o la Provincia para llevar a cabo los estudios necesarios, aportando infraestructura y logística, elementos que muchas veces es difícil y caro de movilizar desde las capitales.
  • Realizar convenios con las universidades, donde la componente logística (soporte local de los trabajos) es la falta mas frecuente. Esto contribuiría a dar sentido a la proliferación de universidades en el país, insertándolas en una realidad práctica.
  • Instituir estas tareas de modo de asegurar su continuidad formal, condición necesaria para la continuidad efectiva. Un estamento comunal en tal sentido no será una carga burocrática, sino la satisfacción de una necesidad evidente. Muchos municipios  lo han incorporado en los últimos años.
  • Recurrir al apoyo comunitario. A través de entidades intermedias y/o Organizaciones No Gubernamentales pueden lograrse diferentes niveles de cooperación, tanto material como de recursos humanos.
  • Recurrir a los entes multilaterales de financiación (BID, BM, etc) que, además de financiar proyectos de infraestructura (pavimentos, alumbrado, desagües pluviales, cloacas, agua corriente) también disponen de líneas para la protección ambiental (BID, 1992) mucho menos requeridas en nuestro país. Respetando lo legítimo de proveer de aquellas obras a la población, cabe reflexionar si no es por su visibilidad política que son prioritarias ante los entes aludidos.
  • Recurrir al Fondo para el Medio Ambiente Mundial (GEF) por ser una de las tareas proclamadas en la Agenda 21 (Naciones Unidas. 1992)
  • Si bien no es lo mas frecuente, de poseer el Municipio recursos suficientes o procurárselos, el llamado a la actividad privada para la realización de los estudios básicos, montaje del sistema de seguimiento y entrenamiento del personal municipal para su operación, es una de las alternativas mas ejecutivas para enfrentar el problema.

Para el segundo caso los municipios pueden:

  • Gestionar la concurrencia en el poder de policía del recurso (o su delegación, si no es ejercido en la jurisdicción superior). No es frecuente que los municipios reclamen en tal sentido. Muchas veces se prefiere soslayar un problema propio, derivando la responsabilidad, que enfrentarlo.
  • Convenir con la Provincia o la Nación el montaje de un sistema de monitoreo y control de las variables intervinientes (dinámicas e  hidroquímicas) encargándose de la faz operativa.
  • Montar su propio sistema de control, en conocimiento previo del funcionamiento del sistema geohidrológico. Este es un derecho indiscutible del Municipio y una obligación política.
  • Recurrir a la cooperación con las Organizaciones No Gubernamentales (ONGs ambientalistas, cámaras empresarias, asociaciones profesionales, Rotary  Club, entidades ruralistas, sindicatos, asociaciones vecinales, etc) para coparticipar de un sistema sencillo de seguimiento y control.
  • Compartir con otros municipios de la comarca cualquiera de las acciones que se han mencionado.

Una de las circunstancias que debe tenerse en cuenta es la lentitud con que se propagan los efectos en el medio hídrico subterráneo, por lo que el alerta provisto por el control debe ser precoz, y la interjurisdiccionalidad favorece grandemente su logro al abarcar un espacio mayor.
Una vez instalado un perjuicio en la fuente de agua subterránea de la cual depende la comunidad, derivado de la actividad petrolífera (salinización, contaminación por metales pesados, hidrocarburos o sus impurezas, agotamiento por sobreextracción) es de difícil o imposible reversión. La solución disponible es, en general, sustituir la fuente, lo cual implicaría la conducción de agua a grandes distancias con el consiguiente costo, mucho mayor que el que significa advertir el problema y procurar su contención.
Esta muy modesta contribución intenta solamente aportar un llamado de atención, desde una óptica técnica, a las autoridades de la jurisdicción municipal. Su contenido no es producto de un ejercicio de ficción ni de un alarmismo maltusiano, sino de la experiencia concreta de la actividad en el área de la geohidrología y, especialmente, en vinculación con los problemas ambientales como los devenidos de la actividad productiva de hidrocarburos.
Si se acude al concepto del desarrollo sustentable adoptado por las Naciones Unidas para el futuro del medio ambiente en una sociedad cada vez mas numerosa, la industria del petróleo y la calidad de vida de la población pueden marchar por el mismo camino.
El Municipio, como albergue de la mas estrecha relación social, debe ser un participante protagónico en defensa de dicha proclama y de los intereses de los titulados. Lo peor que puede sucederle es ser únicamente espectador de una posible calamidad.

Síntesis bibliográfica.

BID (1992) “Informe anual sobre el medio ambiente y los recursos naturales”. Comité del Medio Ambiente. BID. Washington DC.
Custodio, E y M. R. Llamas Madurga (1983) “Hidrología subterránea” T. I-II. 2ª. Ed. Omega. Barcelona.
Fayers,F. J. (1990) “Enhanced Oil Recovery”. Procced. 3rd.Eur. Sympos. Bournemouth. F. J. Fayers Ed. London.
Foster, S. & R, Hirata (1988) “Determinación del riesgo de contaminación de aguas subterráneas”. CEPIS-POS-OMS. Lima.
Hernández, M. A.& N. González (1993) “Recursos hídricos y ambiente”. Elementos de política ambiental, 12: 175-187. E. Goin-R. Goñi Ed. H. Cámara de diputados de Buenos Aires. La Plata.
Naciones Unidas (1992) “Agenda 21” UNCED 92. Río de Janeiro.
Secretaría de Energía de la Nación (1992) “Resolución N° 105” Boletín Oficial 18-11-92. Buenos Aires.
Tommasi, C. O. (1993). “La administración local del ambiente” Elementos de política ambiental. 35: 431-447. E, Goin-R. Goñi Ed. H. Cámara de Diputados de Buenos Aires. La plata.

 

* Miembro de la Secretaría Técnica del Instituto de Estudios e Investigaciones de Medio Ambiente  - IEIMA- FUNDACIÓN JORGE ESTEBAN ROULET. CONICET. Universidad Nacional de La Plata.
** Miembro de la Secretaría Técnica del Instituto de Estudios e Investigaciones de Medio Ambiente  - IEIMA- FUNDACIÓN JORGE ESTEBAN ROULET. Comisión de Investigaciones Científicas (CIC). Universidad Nacional de La Plata

 

 

Exposición realizada en el “V Simposio Iberoamericano sobre Medio Ambiente y Municipio”. Organizado por FARN y la Organización Iberoamericana de Cooperación Intermunicipal (OICI).Puerto Madryn, provincia de Chubut 15 al 18 de noviembre de 1993.