En el derecho civil de la Antigua Roma,  el derecho de propiedad estaba compuesto por tres dispositivos: el jus utendi, el jus fruendi, y el jus abutendi. Esto es « dominium est ius utendi atque abutendi re sua quatenus iuris ratio patitur ». EL IUS ABUTENDI O ABUSUS era el poder de consumir la cosa y por extensión disponer del objeto hasta agotarlo. Había las limitaciones espaciales, desde las medianerías ya formuladas en La ley de las XII Tablas, la prescripción adquisitiva de dominio, y las servidumbres reales; mas el Dominium de la cosa lo era absolutamente, sin hesitaciones.
Los antiguos no preveían el desarrollo de la tecnología, mediante la cual al decir de Heidegger, el hombre se transforma en amo de todo lo ente, provocando una extenuación de su pulsión predadora y arrojándose  hacia la devastación del habitat.
Este no detenerse a pensar, este arrojarse sobre los dominios de la técnica a partir de la Revolución Industrial, es la naciente del discurso ambiental en tanto  un curar de si, un detenerse para que el origen que dejamos atrás nos vuelva a alcanzar. El origen  pre-viene.  Surge así el derecho de lo ente, el derecho del entorno, del habitat, como un glosario de pre-vención, en tanto síntesis de un detenerse.
     Cuando Massimo Candelori dice que: "Todo el tejido social de un área está comprometido cuando los suelos se agotan", pone a punto la palabra de Nietzche, cuando dice: ”El desierto esta creciendo”. No se interpreta correctamente el grado de profundidad de esta palabra, dicha en el siglo XIX, cuando pre-venía sobre este ahora tan cercano “parpadear” del “ultimo hombre”, alienado en medio de la devastación.
   Si el discurso ambiental y su invasión de la cotidianeidad a través del derecho, es en un todo, un precaverse del desierto, tenemos que adentrarnos en el origen de este pre-curar- pre-caver, pre-ver, como principio.
    Enseña Boehemer que el origen del principio precautorio, se remonta a la tradición sociopolítica germana surgida en el apogeo del socialismo democrático alrededor de 1930. Hasta tanto el nuevo paradigma naciente prometía alojarse en nuestra cotidianeidad que se lo llamó del “buen manejo doméstico” en tanto asociación constructiva entre el sujeto, la economía y el Estado con el objeto de mejorar la relación entre la sociedad y la naturaleza de la que depende.  Este  Vorzorgeprinzipfue la primer regla estatuyente de responsabilidades éticas para la mantención de un equilibrio entre la integridad de los sistemas naturales y  la falibilidad humana.
    Toda vez que la ciencia no se puede pensar a si misma, el principio precautorio se perfecciona apartándose de los paradigmas de la validación científica,  en el marco de la fundacional "Declaración de Río" nacida de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el MedioAmbiente y el Desarrollo (7 de mayo de 1992). A partir de ahí,  el Vorzorgeprinzipmadura en la siguiente premisa: Frente a una eventual obra o actividad con posibles impactos negativos en el medio ambiente, deberá optarse por la decisión política de su no  realización, en base exclusivamente a indicios del posible daño sin necesidad de requerir la certeza científica absoluta.
    El Principio 15 de la Declaración de Río sobre el Ambiente y el Desarrollo textualmente dice: "Para proteger el ambiente, el enfoque preventivo deberá ser aplicado ampliamente por los Estados de acuerdo con sus capacidades. Donde haya amenazas de daño serio o irreversible, la falta de una certeza científica total no deberá ser usada como una razón para posponer medidas rentables para prevenir la degradación ambiental".
    El lenguaje de la precaución ya había sido adoptado en muchos tratados y convenciones internacionales anteriores a la Declaración de Río, tales como la Declaración del Mar del Norte (1987), el Protocolo de la Capa de Ozono (1987), la Declaración Ministerial de la 2da. Conferencia Mundial sobre el Clima (1990), y con posterioridad a Río, entre los más importantes: el Tratado de Maastricht que creó la Unión Europea (1994), la Ley del Mar de las Naciones Unidas (2001), y el Protocolo de Cartagena sobre la Bioseguridad (2000), entre otros.
     Nuestra  Ley 25675 lo ha adoptado en su artículo 4 al establecer que "cuando haya peligro de daño grave o irreversible la ausencia de información o certeza científica no deberá utilizarse como razón para postergar la adopción de medidas eficaces, en función de los costos, para impedir la degradación del medio ambiente".
         El pre-venir se halla en las antípodas del recomponer. El principio precautorio es el cuidado; la recomposición en cambio, es el ciclópeo trabajo de rehacer en la devastación. Como la recomposición requiere de los tiempos de detenimiento y constancia que fluyen en la naturaleza, absolutamente ajenos al vértigo del dominio de la técnica y de la alienación del mercado, el re-componer se traduce en otra vuelta de tuerca de la praxis comercial, mediante puniciones monetarias. El Vorzorgeprinzipaborta el ius abutendi que el Dominium podrá ejercer en el proceso de devastación, mediante el pago de cánones pecuniarios. Esta es su esencia, y su  recóndita razón de ser.
      Así lo entendieron los jueces de la Sala III Dres. Carlos Alberto Vallefin; Carlos Alberto Nogueira y Antonio Pacilio, de la Cámara Federal de Apelaciones de La Plata, en el marco de las actuaciones caratuladas:  "Asociación para la Protección Medioambiental y educación Ecológica "18 de Octubre"c/Edelap S.A. y otro s/Amparo". 6/04/04 T. L.66. , P. f 104/111; Expte.6157/04; cuando dicen: Esta Sala -aún desde antes de la sanción de la Ley 25675 - en armonía con el artículo 41 de la Constitución Nacional y el espíritu que inspiró su sanción (Rosatti, Horacio Daniel "Preservación del medio ambiente. Desde el interés difuso hacia el derecho-deber constitucional", en A.A.V.V., La reforma de la Constitución explicada por los miembros de la Comisión de Redacción, Santa Fe-Buenos Aires, Rubinzal-Culzoni, p. 73, especialmente p. 81 y siguientes) viene sosteniendo que en materia ambiental lo más razonable y beneficioso es prevenir antes que recomponer o reparar el posible daño a la salud o al medio ambiente (in re "Barrionuevo, Norma Beatriz", sentencia del 3-5-2001; véase, también, in re "Municipalidad de Magdalena", publicado en La Ley, Suplemento de Derecho Ambiental del 2-7-2002. )
Dr. Gustavo D. Arias