REACTUALIZACION DEL “MITO DE SÍSIFO”  
     
 


Enormes nichos parasitarios se llevan la torta de los presupuestos, en tanto lo institucional-estatal es entendido como simulacro. En este escenario la actividad de una ONG es tratar al hueso los problemas que se acreditan en las carteras burocráticas de cada conchavo estatal, los temas que hacen a la razón de ser de cada estamento, pero que en realidad, son solo “carteles”, “títulos” que determinan su funcionalidad aparente, y a la vez le dan razón de ser, “legitimidad”. Hay en la maraña burocrático-parasitaria de lo institucional-estatal, un selecto conchavo para cada tema, el “tema” es el “cartel” que designa, da significado y nombre a cada conchavo. El tema es “un problema a resolver”, un “problema a resolver” es “un servicio a prestar” a la comunidad, estos motes son solo funcionalidades sobre las que se estructura el simulacro institucional-estatal. Lo institucional-estatal en tanto simulacro no es la consecuencia del problema especifico que lo funda, sino en este marco, su causa. En materia ambiental lo institucional estatal es paradigma de la simulación, pero de tal simulación no ha de resultar una estructura inocua, “desinteresada”, tan solo “negligente” y tan solo afectada a la cartera de clientelismo parasitario. Se trata de una estructura activa en tanto gestora de buenos oficios en beneficio de la corporación contaminante que es “buena pagadora”. Es un juego de sencilla dilucidación por parte del ciudadano que se atreve a rascar con una uña la cáscara ínfima que lo mal cubre. El “espectáculo” del juego de “gestiones” se pone en marcha, la existencia misma del conchavo parasitario de funcionarios desarrolla su gimnasia, por cierto muy activa en la defensa del equilibrio de las tensiones economicistas, operaciones todas reducidas al mero juego del interés económico. Lo institucional-estatal, es entonces, en el ámbito de los problemas medioambientales, el puesto de avanzada de los intereses económicos contaminantes y predadores, y ultima frontera de resistencia al reclamo. La proliferación de ONGs, el nacimiento del llamado “Tercer Sector” no es en realidad un avance en lo que comúnmente se llama “democratización de la democracia”, o según otro cliché ya muy trillado pero no menos “eficaz”: ”mejoramiento de calidad institucional” y “modelo de gestión”, sino en todo caso, la reacción alérgica por hartazgo, generada por una profundísima crisis de representatividad de lo institucional-estatal. Variados ejemplos hay de lo que resulta lisa y llanamente la confesión de esta fractura de lo institucional estatal, el desenmascaramiento del simulacro mismo. Basta con ver la exposición de motivos de las leyes que reglamentan los servicios cuasi tercersectorizados de “conciliación obligatoria” para los justiciables.  Mas allá del evidente oximorón que significa una “conciliación obligatoria”,  este sistema de negociación perpetua al que son sometidos los justiciables, parte de la premisa fundante de que lo institucional-estatal se halla colapsado y empantanado en su propio laberinto absolutamente ineficaz para la Administración de Justicia.  Las puertas de la “administración de justicia” se abren para las partes en litigio en tanto se sometan previamente a un juego de negociaciones perpetuas, en donde mediante una expansión abrochada por la psicología mas rancia y el vacío absoluto de juridicidad, viven el letargo de una espera frente a la puerta que nunca se abrirá, porque detrás de ella, no “espera” a los justiciables mas que una nueva mesa de negociaciones. Con transcribir el cuento del pobre Franz, los partidarios del “todo es negociable”, que hoy conforman extrema mayoría interesada en rascar algo de este nuevo tarro que se les ofrece, se hubieran ahorrado confesiones grotescas, despilfarros de palabras, reuniones, cursos, tiempo, y en fin, energías que nos dejan extenuados a todos y cuyo objetivo final no era otro que rendirse.
Dr. Gustavo Daniel Arias