La Empresa Capitalista ha dejado de ser fábrica...  
     
 

Parte I

La empresa capitalista ha dejado de ser la fábrica, el taller, el establecimiento que tiene una ubicuidad determinada, precisa, dentro de un espacio arquitectónico dado. Hay una diferencia entre esas primeras filmaciones de los hermanos Lumiere que muestran el horario de cambio de turnos de los proletarios a la salida de un establecimiento  fabril, con las actuales modalidades espaciales del capitalismo, sistema que se expresa y se define en la empresa capitalista, que es su sujeto absoluto.

La crisis de las instituciones de encierro,  cárceles, manicomios, hospitales, talleres, escuelas, familia, responden a las crisis de los discursos que las expresaban y las definían. Esto fue estudiado por Deleuze en profundidad que avizoró el traspaso de la sociedad del encierro a la sociedad del control. De ahí que Foucault dijera que el Siglo XXI sería un siglo Deleuziano. En efecto, la estructura del discurso arborescente que signa a las instituciones de encierro fueron vencidas con poca resistencia por la avanzada de un discurso que se expresa en la figura del rizoma. Si ya no hay centro ni estructura recta, ahora los nudos del rizoma ya no le permiten al individuo distinguir su espacio del espacio que forma el rizoma. El rizoma es expansivo y absorbente, es un imperialismo económico irreductible que transforma el espacio publico en espacio empresario, aniquilando las barreras del espacio individual tal como lo conocíamos, que ahora está relegado a la marginación social. El sistema de barrio cerrado implica también la intromisión de “La Empresa” en el reducto del hábitat. Hay un afuera y un adentro. El enclave barrio privado crece y su vertedero es el espacio publico despojado y el hábitat privado sobre los que avanza.

  Así la liberal empresa y su discurso retórico de las libertades individuales, viene paradojalmente a destruir las bazas del espacio privado, porque el dominio espacial se encuentra totalmente absorbido por ella. Cuando vamos por un día de campo y tomamos una ruta, hay una sensación de abandono hacia cierta libertad prefabricada de cielo abierto y campo, pero cada determinado lapso del trayecto, somos detenidos por una estructura de cabinas que nos cobran el paseo, tomando allí quizás conciencia tardía de que en realidad transitábamos a lo largo de kilómetros y kilómetros por el pasillo de una empresa.

Los campos aledaños al camino son espacios alambrados ganados a la naturaleza por la empresa que no se arregla a la misma, sino que la doblega enteramente transformándo la tierra, parcelándola y sometiéndola a expoliación intensiva. Por su extensión lo que llamamos “campo” no es un espacio virgen, es siempre un espacio totalmente reducido a una determinada explotación empresaria. Los carteles del costado de la ruta son anuncios de otras empresas que se permiten ofertarnos sus productos mientras transitamos por el pasillo de otra, dedicada nada mas que a permitirnos hacerlo. 

 

 Desde antes de nuestro nacimiento ya estamos condicionados por los servicios empresariales. Nuestra vida depende enteramente de ellos. El hombre moderno carece de autonomía, la empresa lo amamanta al nacer y en vida, le vende en cuotas su postrera cuna de madera, en el interin, la empresa lo medicaliza, lo educa, lo disciplina enteramente, lo hace a imagen y semejanza del cliente del mes.

 

Ahora bien, si la calle es un pasillo de una empresa, el río es su cloaca. Los espacios públicos están reducidos a ser sumideros de los deshechos de la empresa, donde los podrían sino? Lo que no es corredor de la empresa es bache. El espacio que no es fundo de la empresa es baldío, villa miseria o “barrio inseguro”. Todo aquello que la empresa no condiciona a sus necesidades “vitales” es el espacio vacío (otrora espacio publico) en progreso de reducción y saturación, y reducido a la función de vertedero.

 

Todo el espacio en su conjunto conforma el territorio de un cierto Estado moderno, cuyos gobiernos están compuestos por funcionarios electos en elecciones mas o menos libres mediante un sistema de partidos políticos. Políticos y ciudadanos comunes somos en mayor o menor medida clientes del sistema universal de la empresa. Directa o indirectamente el sistema universal de la empresa enajena nuestra fuerza de trabajo a su exclusivo servicio. Para un ejemplo cercano, los ciudadanos argentinos que no se encuentran entre los 16 millones de asalariados directos del sistema empresario, medran en él ocupando profesiones y trabajos “autónomos”, pero todos se autoabastecen de los productos del enorme Moloch absoluto. La sociedad se divide en clases, y el sesgo que distingue una clase de otra es una “Graduación del Cliente”. Llamase pobre estructural al cliente nulo o casi nulo, pobre al cliente aún no totalmente integrado al sistema de suministros del sistema universal de la empresa, clase media al integrado al sistema de suministros del sistema universal de la empresa sometido al rigor directo de la enajenación de su fuerza de trabajo mediante el peaje mensual llamado “salario”, clase media alta al cliente selecto de gran “protección” y capacidad de consumo no sometido no sometido al rigor directo de la enajenación de su fuerza de trabajo mediante el peaje mensual llamado “salario”.

 

La caída de los valores fundacionales del “Estado” condiciona la crisis de instituciones de encierro tales como escuela y familia, los puntos estructurales de aquella vieja construcción en desuso, han sido suplantados por los valores prácticos (que encierran toda una moral)  de La Corporación Empresaria.

 

Paradoja! El individualismo tan pregonado por la sociedad liberal es lo único que le queda por defender a un trasnochado colectivista del siglo XX frente al omnipresente espacio empresario.

Parte II

Si La Empresa ocupa el espacio de nuestras vidas, también condiciona el total de su tiempo. La porción  de la sociedad activa integrada al sistema, no solo vive inmersa en la fragmentación del espacio en unidades empresarias, sino en la fragmentación y compartimentación de su “tiempo individual” como engranaje del tiempo que la explotación empresaria necesita para desarrollarse, y que abarca las 24 horas del día.  La vida atada al salario en la que habitan “los clientes del tercer sector” (clase media integrada al sistema de suministros del sistema universal de la empresa sometida al rigor directo de la enajenación de su fuerza de trabajo mediante el peaje mensual llamado “salario”) sufre una articulación “de arriba hacia abajo” que incluye las horas del sueño.

 El  esparcimiento en las horas de descanso, también es un servicio empresario. Todo viaje “fuera del sistema”, toda hora ociosa, toda comodidad, toda herramienta utilitaria a tales fines, es un servicio empresario. La “Libertad” por fuera de la enajenación de la fuerza de trabajo por un salario, es un servicio empresario sujeto a estrictas reglas, controles, guías, peajes, agendas de hotelería, sistemas de rutas, financiaciones en cuotas del consumo suntuario, afectaciones espaciales destinadas al esparcimiento programado (“zona turística”) etc.

La vista de un paisaje es un servicio empresario. La Empresa incluso brinda servicios de simuladores para sentirse viviendo fuera de ella: “Turismo Aventura”, “Visitas a Lugares Salvajes”, “Escalamientos”, “Trekking”, “Campamentos de montaña”, Guía y Recorrido por “Reservas Naturales” y esto ultimo dado que la empresa también le ha “reservado” a la Naturaleza” su “lugar”.  “La Naturaleza” también es un espacio y un tiempo determinado por La Empresa. La Naturaleza ya no es un todo que nos rodea y del que formamos parte, es un casillero con ubicuidades espaciales precisas del almanaque espacio-temporal de La Empresa.

Así como existen “Reservas” para los pueblos originarios, resignificados como ab-origenes, de la misma forma existen “Reservas” para La Naturaleza de la que formaban parte. Aquella “Naturaleza” y aquellos Pueblos han sido separados de “nosotros”, reclasificados, resignificados (re-signados) y reubicados en “instalaciones”, en mises en scène, para que los visitemos de la misma forma en que vamos al teatro, o al zoológico. En el marco de estas exhibiciones de un genero humano desplazado e irredento, se articula, promociona y desarrolla, con impostados ojos paternales, el campo de la “solidaridad”. Algunas estrellas televisivas van de excursión a los salvajes a lo David Livingstone,  y “regresan” conmovidas para contarnos por televisión sus gravosas experiencias humanas, la desdicha de “aquella gente”, la perplejidad al ver por vez primera en sus vidas una botella de coca cola, un antibiótico, un lápiz y una salchicha. La “Solidaridad” en su fase mas ranciamente mediática, está engalanada por personajes que así como se horrorizan con el patetismo de la coronación a Emperador de Bokassa, se emocionan con el carruaje de oro del casamiento de Lady Di con el Príncipe Carlos.

 

Todo está en “su lugar”, no solo los hombres, la “naturaleza” misma  es un servicio empresario y esto incluye al agua, el elemento de lo que está hecho todo lo que en la naturaleza vive.  El agua potable no sale de la canilla. El agua potable se vende en los supermercados. El agua apta para el consumo humano, la que se puede verter directamente en un vaso y tomarla sin enfermar tiene un dueño que la embotella y nos la vende. Es que La Contaminación es un negocio empresario harto redituable, así como la “inseguridad” es un negocio que le permite a La Empresa vendernos el servicio de salvaguarda de nuestras propias vidas y la de nuestros hijos y seres queridos. Gracias a La Empresa llegamos a nuestras casas vivos un día mas, luego de atravesar un mundo en “Guerra”.

Las calamidades del mundo se promueven activamente y en sordina, porque de ellas dependen las variables en ascenso del negocio empresario. En materia de medio ambiente, los sacrosantos principios de lo “sustentable” y sostenible” no por nada son la piedra millar de la problemática ecológica formalmente inaugurada en junio de 1972, durante la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Medio Ambiente Humano. La inauguración formal del problema de la explotación de los recursos planetarios a manos de  La Empresa, contienen el apotegma consistente en que lo único indubitable en torno al mismo es la continuidad de la empresa bajo los rótulos equívocos y nebulosos de la “explotación sustentable”. El problema no es el régimen de explotación a tierra arrasada que esta en la esencia predadora de La Empresa, porque  todo ello se resuelve y licúa estableciendo un marco de “racionalidad” en la “relación” entre el predador y su presa. Es como cuando se llama al Proceso de Organización Nacional, “gobierno de facto”, y no  dictadura; o como cuando se llama a la represión de aquel gobierno; “algunos excesos en la lucha contra la subversión” y no genocidio. Así en el caso de la  variable de sostenibilidad como marco “regulatorio” de la  actividad predadora empresaria, el juego semántico no es inocente,  en su desenmascaramiento, da cuenta en si mismo de todo aquello que silencia.

Última Parte.
El poder político que “el Ciudadano” “ejerce” se reduce a la elección cada cierto periodo de un grupo de funcionarios estatales cuya esencia está en  “representar” a los clientes de La Empresa ante La Empresa misma, y donde la calidad de “Ciudadano” es tal en tanto se valide en su calidad de “Cliente”, representado por su mandante que es el funcionario estatal electo.

 El  handicap de gestión de los funcionarios electos, se reduce al número variable de buenos oficios a favor de los intereses empresarios, donde la calidad de esos intereses es tal en tanto se validen como intereses de los clientes.  

Cuando un “gobierno” “marcha bien” es porque ha resultado buen auxiliar del desarrollo y proliferación de La Empresa. La Empresa lo da todo, y todo lo quita si se retira del juego. Gestionar a favor de la empresa es contribuir a la proliferación de clientes y empleados-clientes. Un país marcha bien cuando proliferan en él las empresas y los cuidados disciplinarios que ellas ofrecen. Todas las variables de la vida política y económica de un Estado moderno se reducen al pulso de la rentabilidad empresaria. Las clases sociales se reducen a la tabla de “Graduaciones de Clientes”.

Los “derechos” del ciudadano se reducen a la capacidad de “Reclamo del Cliente” y esta “capacidad de reclamo y satisfacción”  depende del grado en la tabla de graduación del cliente. Asimismo La Empresa se administra bajo sus propias reglas exclusivas y excluyentes en relación al Estado. Tales reglamentos internos resultan de alta complejidad y se han reunido y sistematizado en un discurso  calificado como “ciencia” que estudia las variables estructurales y de forma de su organización, “ciencia”que se estudia en la Universidad, así como se estudia medicina o veterinaria. Las estructuras organizacionales de las empresas son piramidales, en su seno no hay horizontalidad posible, se ejerce un poder vertical sin cortapisas, una cadena de mandos “militar” en donde “la ley de la obediencia debida” es su esencia, y en cuyo espacio de trabajo prima la ley de la selección natural, y las eugenesias del mas fuerte.  El poder real en un estado moderno, está en manos de los dueños de las empresas, que no son mas que el estado moderno mismo. Telón superestructural de “democracia”, “elección” de “autoridades”, “estado de derecho”, y tras ese velo hipnótico, el poder real empresario que es el heredero del poder piramidal eclesiástico pre-capitalista.

 

A pesar de la manu militari que constituye a la corporación, la “ciencia” de la organización empresaria le debe mas a La Patrística que al Ejercito Prusiano del Siglo XVIII. Este pequeño gran descubrimiento, no estuvo a cargo de ninguna luminaria teórica anti-capitalista. En todo caso se lo debemos a un presidente  de la General Motors, James D. Mooney, quien fue responsable en los años de la Segunda Guerra, de convertir las instalaciones de la empresa destinadas a la producción de autos y camiones, en instalaciones para fabricar aviones, tanques y municiones. El ciclópeo trabajo de  conversión de una empresa enorme no la hubiera podido llevar a buen puerto el Sr. Mooney sin antes haber estudiado la estructura de la Iglesia Católica: La organización en el tiempo , la jerarquía de autoridades, su estado mayor y su coordinación funcional, la necesidad geográfica de controles autónomos celularmente divisibles en numero infinito, la capacitación de los ejecutivos, la habilidad y dedicación al trabajo (enajenación vital de la fuerza de trabajo), el incentivo de la ascensión desde  los niveles inferiores, la capacidad de decisión vertical automatica estandarizante de acuerdo  a cada problema en particular, la habilidad en la negociación; y los elementos de control interno, dominados por los topicos siguientes: 
1) Dirección General en la punta de la pirámide,
2) Coordinación en los mandos medios,
3) División del Trabajo en la base, 
4)  Asignación de responsabilidades atravesada por un eje central de la punta de la pirámide a la base,  
5) articulación de sus jerarquías
 6) delegaciones de facultades en vertical automatica estandarizante.

 

Hay tanta democracia en el seno de la iglesia como la que hay en la estructura de La Empresa, su heredera histórica. No todo es “material” en este escenario. “El Empresario” es el dueño de una mística. En este sentido La Empresa no es una organización “fría”, el factor humano de capacidad de mando, carisma de jefatura, corazón valiente del “self-made-man” ocupa espacios estelares dentro de los catálogos de la “ciencia” que estudia su administración y funcionamiento. Desde que el Paraíso se muda a la tierra, la Empresa es la Guía Mística y Espiritual del Progreso, es la Hacedora de nuestro destino en tanto necesidad de “superación individual”.

 

Si la “democracia” política de los Estados está trasvasada, atravesada y desbordada por la autocracia estructural de La Empresa, el “estado de derecho” es el soporte cosmético sobre el que descansa la totalidad de lo hecho y lo actuado bajo la mirada panóptica de La Empresa. En este orden, la democracia goza de una pertenencia exclusivamente centrada en “El Mundo de las Ideas” y de los “Grandes Debates”, pero lo que “está puesto sobre la tierra” opera en un entramado de relaciones humanas signadas por un reglamento piramidal e ineluctable. “El Ciudadano” se halla inmerso en un esquema primario de necesidades a satisfacer, mediante la sujeción a un sistema de mando y obediencia sin cortapisas dentro de la estructura empresaria, donde la volición individual está anulada.

 

El Ciudadano se reduce en el universo irreductible y permanente de la explotación empresaria, a “El Cliente”. El Cliente es el sujeto disciplinado como sujeto-objeto consumidor de los bienes y servicios que provee La Empresa. Como individualidad aislada, se lo debe mantener así en tanto preso de sus insatisfacciones. Lo que La Empresa promueve con su abarrotamiento de servicios y productos es la insatisfacción permanente. El Cliente debe permanecer en sorda guerra contra si mismo, debe estar insatisfecho con lo que él es y con lo que el tiene, en tanto que lo que “tiene” es el atributo esencial de su personalidad siempre perfectible, siempre en formación, siempre en carrera hacia metas de integración y realización de si misma. La Empresa nos hace sentir que el cielo es el techo, mientras nos enaniza y que somos individuos, mientras nos transforma en objetos de nosotros mismos.

 

Si La  Empresa es la doblegación absoluta de La Naturaleza a sus designios, esto incluye al Hombre. “El Cliente siempre tiene razón”, porque su reclamo a La Empresa, su necesidad de “excelencia”, es el sello de su disciplinamiento, la puesta en caja de “su individualidad” y de “sus derechos”.  El hombre es un ser “reclamante”, su insatisfacción ilimitada y en ultima instancia sin rumbo, su avidez de novedades, y los discursos que lo centran en la permanente evaluación de si mismo y en el imperativo de tomar las riendas de “su vida” y “superarse” (asfixiado por una moral de la individualidad disfrazada de “ascesis” que no es mas que masificación estructural,  desbordado por la Dictadura del Inconciente a manos de la psicología, y desbarrancando su histeria en una “feng-shuización” de la vida) constituyen el motor de “La Empresa”. En este encierro,  la marca de cada producto habla de la vida que cada uno elige. Las alternativas del proyecto individual, se reducen al catalogo de mercaderías y servicios que nos ofrece La Empresa. La Empresa no solo ha vaciado en ella el espacio y el tiempo circundantes, sino la subjetividad misma del objeto-cliente.

Dr. Gustavo Daniel Arias